Dos halftime shows: el espectáculo alterno de Kid Rock y la línea divisoria que impulsa el trumpismo
Mientras el Super Bowl LX promete una noche histórica con Bad Bunny al frente del show oficial de medio tiempo, en Estados Unidos se cocina un evento paralelo que dice mucho más de política que de música. Al mismo tiempo que la NFL transmite su espectáculo principal, un half-time show alternativo encabezado por Kid Rock se emitirá por plataformas conservadoras, impulsado por Turning Point USA.
La narrativa es clara: ofrecer una “opción” para quienes rechazan el show oficial. Pero el subtexto es más profundo. El evento alterno se presenta como una respuesta directa a la presencia de un artista latino, hispanohablante y global como Bad Bunny. No es coincidencia: el mensaje apunta a marcar diferencias culturales, raciales y políticas, una estrategia que ha sido recurrente durante y después del gobierno de Donald Trump.
Bajo el discurso de lo “All-American”, el espectáculo encabezado por Kid Rock busca atraer a una audiencia que se siente incómoda con la diversidad cultural que hoy domina el entretenimiento masivo. En la práctica, esto profundiza una segregación simbólica: un show para quienes se identifican con una visión nacionalista y conservadora, y otro para quienes celebran la pluralidad cultural que representa la comunidad latina en Estados Unidos.
La elección de Bad Bunny como figura central del medio tiempo oficial no solo es un logro artístico, sino un reflejo del peso demográfico y cultural de millones de latinos en el país. Frente a eso, el show alterno aparece como una reacción que refuerza la polarización y normaliza la idea de que la diversidad debe “competir” con una identidad supuestamente más auténtica.
Más allá del rating o la música, lo que ocurrirá ese domingo es un espejo del momento político y social que vive Estados Unidos: dos escenarios, dos discursos y una frontera cultural cada vez más visible. Uno apuesta por la inclusión y la globalización; el otro, por la exclusión disfrazada de tradición.
En el país que presume ser un crisol de culturas, el medio tiempo del Super Bowl 2026 deja claro que la división ya no solo se debate en las urnas… también se canta, se transmite y se consume en horario estelar.
