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De las calles a las redes: la nueva contaminación política de México

De las calles a las redes: la nueva contaminación política de México

En México, la contaminación electoral solía tener forma de pendones colgados en los postes, bardas pintadas a la carrera y espectaculares con sonrisas fingidas. Las calles amanecían saturadas de rostros y promesas que se desvanecían con la primera lluvia.

Hoy, esa contaminación sigue existiendo, pero ha cambiado de terreno: ahora habita en las redes sociales. Las calles se ven más limpias, sí, pero el aire digital está más cargado que nunca. Twitter, Facebook y TikTok son las nuevas bardas donde se pinta el desprestigio, donde los partidos de derecha han encontrado el espacio perfecto para tratar de recuperar el poder a cualquier costo, incluso si eso implica dividir aún más a un país que lo que menos necesita es más polarización.

La nueva guerra sucia

En esta era digital, los insultos sustituyeron los mítines y los memes reemplazaron los debates. La posverdad se convirtió en herramienta de campaña, y la manipulación emocional en estrategia de posicionamiento. No se busca convencer: se busca enardecer. No se construyen ideas: se lanzan piedras digitales.

La guerra sucia de antes ensuciaba paredes; la de ahora ensucia conciencias. Es más peligrosa porque no se borra con pintura ni se limpia con agua: se propaga en algoritmos y se infiltra en la conversación pública. Es una contaminación invisible, pero persistente, que busca dividir y cansar a la sociedad.

Chihuahua y el camino hacia 2027

En el panorama político que se perfila rumbo al 2027, Chihuahua y particularmente Ciudad Juárez se enfrentan a un gran desafío: mantener el debate público en el terreno de las propuestas, no de la confronta.
La frontera, por su carácter binacional y su peso económico, no puede darse el lujo de quedar atrapada en discursos de odio ni en guerras partidistas que paralicen el progreso.

Los actores políticos que aspiran a representar a los juarenses y chihuahuenses tienen la responsabilidad —y la oportunidad— de marcar una diferencia: promover trabajo, resultados, diálogo y colaboración. La ciudadanía ya no quiere campañas de lodo, quiere gobiernos que resuelvan. No pancartas ni pleitos en X; quiere escuelas, seguridad, empleo y futuro.

Una invitación necesaria

Esta columna no pretende señalar bandos, sino encender una reflexión colectiva: todos —políticos, ciudadanos, medios y usuarios— formamos parte del clima que se respira en este país. Podemos optar por seguir compartiendo el ruido o por exigir contenido, respeto y propuestas.

Porque si algo necesita México en 2027, no es más división ni más ruido digital, sino altura de miras.
Porque la unidad, cuando se construye con verdad y trabajo, vale más que cualquier trending topic.
Porque las redes pueden ser trincheras, pero también pueden ser puentes.

Y porque, al final del día, todos respiramos el mismo aire —y ese aire se llama México.