Candelaria y tamales: la excusa perfecta para reunirse y disfrutar de lo que más nos gusta
Febrero no solo trae frío a Ciudad Juárez, también marca una de las tradiciones más esperadas del calendario mexicano: el Día de la Candelaria, celebrado cada 2 de febrero, cuando los hogares, oficinas y hasta redacciones se llenan de tamales, atole y buen pretexto para convivir.
Esta celebración tiene un origen religioso, ya que conmemora la Presentación del Niño Jesús y la Purificación de la Virgen María, 40 días después de la Navidad. Sin embargo, en México la fecha tomó un sabor muy especial al mezclarse con nuestras raíces prehispánicas, donde el maíz no solo es alimento, sino identidad.
El tamal, protagonista indiscutible
El tamal se convierte en el platillo estrella del día, casi siempre acompañado de un atole bien caliente. Y aunque hay quienes aseguran que es por tradición, la realidad es que muchos llegan a esta fecha por una “responsabilidad” bien conocida: si te salió el Niño Dios en la Rosca de Reyes, te toca pagar los tamales.
Esa regla no escrita provoca que cada 2 de febrero se armen auténticas “tamalizas”: pedidos colectivos, reuniones familiares, visitas a puestos callejeros y mesas llenas de hojas de maíz y salsa. Rojos, verdes, dulces o de hoja de plátano, aquí no hay discusión… todos entran.
Mucho más que comida
Más allá del antojo, el Día de la Candelaria es una fecha que habla de convivencia, comunidad y tradición. Para muchos, también implica llevar al Niño Dios a bendecir, cerrar formalmente el ciclo navideño y guardar adornos hasta el próximo diciembre.
En tiempos donde todo va rápido, esta celebración sigue logrando lo mismo desde hace generaciones: juntar a la gente alrededor de la mesa, compartir risas, historias y, claro, repetir tamal “porque todavía hay”.
Así que si hoy ves filas largas en los puestos, olor a masa recién cocida o grupos organizándose para ver “quién sí pagó”, no es casualidad: es Día de la Candelaria, y en México eso siempre se celebra comiendo juntos.