COLUMNA: La unidad, la verdadera encomienda de Cruz
La unidad, la verdadera encomienda de Cruz
La noche de la definición en Chihuahua dejó algo mucho más importante que un nombre.
Sí, Cruz Pérez Cuéllar salió de aquella reunión como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Pero salió también con una encomienda que Citlalli Hernández dejó perfectamente clara: construir la unidad.
Y quizá ahí esté la verdadera dimensión de lo ocurrido.
Porque una cosa era ganar la encuesta interna y otra muy distinta será conseguir que quienes caminaron por rutas diferentes hasta el lunes comiencen ahora a hacerlo hacia el mismo destino.
Cruz pareció entenderlo desde su primer discurso.
No hubo un mensaje de exclusión para quienes compitieron contra él. Al contrario. Reconoció públicamente a Andrea Chávez como una política “brillante, talentosa”, una gran parlamentaria y una competidora dura. También mencionó a Martín Chaparro, al Capi Arrieta y a Jesús Roberto Briano.
Después vino probablemente la frase políticamente más importante de toda su intervención:
“Nadie será excluido”.
No fue una frase menor.
Morena viene de una competencia interna intensa y la fotografía posterior a una definición no necesariamente significa que las diferencias desaparecieron. El reto comienza cuando se apagan las luces del evento, terminan las porras y cada grupo debe decidir qué hará al día siguiente.
Por eso Citlalli Hernández tampoco habló únicamente de felicitar al ganador. Al anunciar los resultados estableció que Cruz tendría la tarea de coordinar los trabajos organizativos y “construir la unidad”, reconociendo además a todos los participantes del proceso.
Ariadna Montiel llevó el planteamiento todavía más lejos.
Una vez tomada la decisión, dijo, existe algo obligado: mantener la unidad del movimiento. Y vinculó directamente esa unidad con el objetivo político de Morena de desplazar al PAN del Gobierno de Chihuahua.
Ahí están, entonces, las dos partes de la ecuación que Morena deberá resolver rumbo a 2027. Primero, unir lo que la competencia interna dividió. Después, intentar convertir esa suma en una alternativa electoral frente al panismo. Porque difícilmente podrá Morena concentrarse en enfrentar al PAN si primero tiene que seguir enfrentándose a sí mismo.
Cruz lo dijo de otra manera: hay que dejar atrás la contienda por la coordinación y comenzar a pensar en lo que viene. Aseguró que tendrá disposición para hablar con todos y que uno de sus principales objetivos será trabajar por la unidad.
Eso implica que la inclusión anunciada tendrá que pasar de las palabras a los hechos.
Andrea Chávez representa una corriente importante dentro del movimiento. Martín Chaparro representa otra historia y otra estructura. Hay liderazgos regionales, legisladores, alcaldes, operadores y militantes que durante meses tomaron partido.
La tarea de Cruz será conseguir que esas diferencias no se conviertan en fracturas.Y tendrá que hacerlo sin exigir uniformidad.
Unidad no significa que todos piensen igual ni que desaparezcan las diferencias. Significa encontrar un objetivo común suficientemente grande para que las diferencias puedan coexistir dentro del mismo proyecto.
Ese objetivo quedó expresado anoche: Morena quiere terminar con el gobierno panista en Chihuahua.
Pérez Cuéllar utilizó buena parte de su discurso para confrontar políticamente al Gobierno del Estado. Cuestionó la relación de la administración estatal con el Gobierno Federal, habló del campo, de competitividad, de los apoyos para personas con discapacidad y de otros asuntos que seguramente formarán parte de la narrativa política de los próximos meses.
Pero antes de todo eso colocó la unidad y no parece casualidad.
El PAN llegará a la siguiente elección defendiendo el gobierno estatal. Morena pretende llegar intentando construir una mayoría capaz de arrebatárselo. La efectividad de cualquiera de esas estrategias dependerá de muchos factores que todavía no pueden conocerse: candidatos formales, campañas, resultados de gobierno, participación, alianzas y la decisión final de los electores.
Lo que sí puede observarse desde ahora es que Morena identificó su primera tarea, no está afuera, está adentro.
Si Cruz consigue sentar en una misma mesa a quienes ayer competían; si Andrea y quienes caminaron con ella encuentran espacios reales; si los liderazgos regionales son incorporados y si el “nadie será excluido” termina convirtiéndose en método político y no solamente en una buena frase de discurso, Morena llegará a la disputa estatal con una estructura más cohesionada.
Si no ocurre, la historia será distinta.
Por eso quizá el nombramiento del lunes no terminó cuando Cruz Pérez Cuéllar levantó la mano para rendir protesta.
Ahí apenas comenzó.
Porque la encuesta decidió quién encabezaría la coordinación.
Ahora la unidad tendrá que demostrar para qué alcanza.
